Nueve de nueve
Texto de Yael Alfredo

@terrazasjuan
La selección mexicana hizo algo que, hasta hace muy poco, parecía que solo se
podía lograr jugando al play en modo fácil: ganó sus tres partidos de fase de grupos y
sumó nueve de nueve puntos posibles.
Puede sonar como un dato random, pero no lo es. En más de nueve décadas de
historia mundialista, México jamás había firmado una fase de grupos perfecta. El
récord anterior era de siete puntos, conseguido en Corea-Japón 2002 y repetido en
Brasil 2014. Es decir, habíamos hecho buenos mundiales… pero nunca uno tan
impecable desde el silbatazo inicial.
¿Y qué significa esto? Que, estadísticamente, esta selección ya se ganó un lugar
entre las mejores versiones de México que han pisado una Copa del Mundo. Sí,
incluso por encima de equipos que recordamos con muchísima nostalgia.
Ahora bien, los mexicanos sabemos que los números son una cosa y el trauma
colectivo es otra.
Hay una cicatriz que no se borra tan fácil. En 1986, cuando fuimos anfitriones, México
alcanzó por última vez los cuartos de final. Desde entonces nació la famosa
maldición del quinto partido, una maldición igual de necia que los aboneros e igual
de terrorífica que la Llorona en Xochimilco. Sin importar el entrenador, los jugadores,
los formatos de competencia o el sistema de puntos… la historia siempre encontraba
la manera de dejarnos exactamente en el mismo lugar.
Por eso este nueve de nueve ilusiona tanto. No solo rompe un récord; también
desafía una costumbre que parecía escrita en piedra. Y si esta selección ya fue capaz
de hacer algo que ninguna otra había conseguido, quizá también pueda romper la
mala racha. La ilusión no gana partidos, pero si nos hace gritar con tanta emoción
cuando cae un gol, por eso aférrense tanto como puedan a esa ilusión, aférrate como
nos aferramos a coleccionar los billetes de ajolotes, agárrate fuerte de ella como si
fuera el tubo del camión, y no te olvides jamás de imaginar que somos un país con
una selección capaz de derrotar a los grande tal y como David y Goliat.
