MEMORABLE
Texto de Yael Alfredo

@gabriel.monero
La mayoría de los futbolistas son recordados por los goles que marcaron, pero hay pocos que se recuerdan por los que evitaron. Ese es Guillermo Ochoa, un jugador como ningún otro, cuya misión siempre fue la misma: defender el arco.
En 2004, Memo debutó con el Club América y, con sus rizos voladores, nos hizo vibrar a la misma velocidad que sus atajadas. Siendo muy chavito, el águila dejó Coapa y emprendió el vuelo hacia Europa, donde, sin despeinarse, se convirtió en una auténtica muralla mexicana, capaz de paralizar cualquier disparo que se cruzara en su camino.

@humorheras
Su talento lo llevó al Mundial de Alemania 2006. Aunque no disputó ni un solo minutito, aquella convocatoria fue el primer escalón de una historia que apenas se escribía. Con el paso de los años fue ganándose el puesto, hasta convertirse en el guardián indiscutible de la Selección Mexicana. Entonces llegaron los Mundiales, en donde realmente escribió su leyenda. Brasil 2014 fue el escenario perfecto: atajadas imposibles, reflejos de otro planeta y una actuación sobre Brasil que quedó MEMOrizada para siempre en millones de mexicanos. A partir de ahí, cada Copa del Mundo parecía tener el mismo guión: México sufría, pero Memo, como si fuera Superman, aparecía para recordarnos que la esperanza también usaba guantes.

@terrazasjuan
Pasaron generaciones, técnicos, uniformes y hasta memes, pero había algo que nunca cambiaba: cuando México necesitaba un héroe bajo los tres palos, ahí estaban los rizos de la suerte, listos para volar una vez más.
